viernes, 21 de junio de 2013

CAPÍTULO 1
Nací el 24 de julio de 1766 en una humilde familia de Foyle en el noreste de  Irlanda del Norte. Yo era el más pequeño de mis tres hermanos. Vivíamos en un pueblo muy pintoresco llamado Hiwester al borde de la costa. Mi padre trabajaba incansablemente en la guardia real norirlandesa ( Royal Guard Northern Irish) mientras mi madre nos cuidaba en una pequeña cabaña cerca del bosque, donde vivíamos. Nos gustaba visitar el fin de semana un antiguo castillo de nombre homónimo al pueblo. Eran ruinas, pero que estuviera cerca del mar aumentaban las ganas de ir. Lo malo es que a mi madre no le gustaba porque era muy supersticiosa. Tres años atrás, cuando tenía la mitad de mis veinticuatro años actuales, mi madre nos solía contar historias acerca de ese castillo. Nos contaba que ese castillo perteneció en el siglo XII (dos siglos antes de ser destruido) a un conde muy famoso de la época: Sir Charles Winchester y además yo recuerdo ahora que también nos decía que ese conde era perverso, que era un famoso bandolero y lo más curioso de todo pero era una leyenda: nos decía y además en el pueblo se dijo años atrás que realizaba pactos satánicos con el diablo y que lo había conocido en persona. Mi padre contaba otra versión de la historia: 
-Sir Charles Winchester no era más que un pobre loco, ladrón e incluso asesino que cuando salió de la cárcel, tras pasar muchos años allí parecía haber sido hechizado hacia una especie de mal pero mortal. Quizás eso lo impulsó a su suicidio.
Al oír sus palabras me relajaba. Ya estaba harto de historietas de fantasmas y demás. Sabía que esas leyendas eran mentira. Pero aún así me picaba la curiosidad por saber si era verdad la tercera leyenda que mi madre me contó:
- Un 31 de octubre de luna llena y de lluvia, Sir Charles Winchester saldrá de su oscura tumba y regresará para acabar lo que empezó:una oleada de asesinatos sin explicación posible y sin el menor de los escrúpulos.